el monumento que quedó sin terminar, y eso forma parte de la pieza
El Mosteiro da Batalha fue mandado construir por D. João I para cumplir un voto: si vencía a los castellanos en la batalla de Aljubarrota en 1385, levantaría un monasterio dominico en honor de Santa Maria da Vitória. Venció. Las obras comenzaron en 1386 y se prolongaron durante más de ciento cincuenta años, bajo el reinado de siete monarcas, con siete arquitectos sucesivos al frente de los trabajos (Afonso Domingues, Maestre Huguet, Mateus Fernandes, entre otros). Está clasificado como Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1983, y es uno de los ejemplos más cuidados del gótico flamígero y el manuelino en Portugal.
La fachada principal ya te da la pauta: portada monumental en gótico flamígero, con seis arquivoltas de figuras esculpidas, rosetón abierto sobre la portada, contrafuertes verticales en los laterales. En el interior, la iglesia es alta, estrecha y luminosa, con vidrieras de colores que marcan la luz a ciertas horas del día. El claustro real adyacente, con su tracería cerrada en piedra calada, es el punto donde el manuelino entra de lleno: cada ventana tiene diseño propio, con elementos vegetales, cuerdas y la cruz de la Orden de Cristo apareciendo en casi todo. Es un claustro para recorrer despacio.
Las Capillas Imperfectas dan nombre al monumento. Mandadas iniciar por D. Duarte como panteón dinástico, quedaron literalmente sin terminar: el techo nunca fue colocado, y lo que ves hoy es el enorme octógono abierto al cielo, con los pilares decorados de arriba abajo en un manuelino exuberante (cadenas, esferas armilares, motivos vegetales, símbolos del mar). Es una de las ruinas más expresivas de la arquitectura portuguesa, y funciona mejor por haber quedado sin terminar. No fue falta de dinero ni de mano de obra: fue prioridad política, con D. Manuel I trasladando el esfuerzo dinástico a los Jerónimos en Belém. Las Capillas quedaron suspendidas a mitad del gesto.
La otra cosa que justifica la parada es el Túmulo del Soldado Desconocido, en la Sala del Capítulo. Es un cenotafio en homenaje a los militares portugueses muertos en la Primera Guerra Mundial y en la Guerra Colonial. La guardia de honor es permanente. La Sala del Capítulo tiene además la bóveda estrellada octagonal que fue un logro técnico para la época, levantada por Maestre Huguet sin pilares centrales. Cuenta dos o tres horas para recorrer el conjunto con calma.
la escena completa
- fundado por D. João I en 1386, en cumplimiento de un voto por la victoria en Aljubarrota
- gótico flamígero y manuelino en diálogo, a lo largo de más de ciento cincuenta años
- Capillas Imperfectas abiertas al cielo, con manuelino exuberante en los pilares
- claustro real con ventanas en piedra calada, cada una con diseño propio
- Túmulo del Soldado Desconocido con guardia de honor permanente



