entre acantilados de pizarra y el fin del mundo al sur
Ochocientos metros de arena dorada encajados en una bahía que parece trazada con un compás. Los acantilados de pizarra suben por los dos lados, lo bastante altos para cortar parte del viento atlántico y hacer el lugar habitable incluso cuando el mar está bravo. Esa forma de concha es lo que diferencia a Arrifana de las playas abiertas de la Costa Vicentina: hay un abrigo relativo que no es habitual en esta costa.
Para llegar al arenal, bajas desde el pueblo por el estrecho camino de la ladera, o por la escalera, o te apuntas a los buggies que hacen el recorrido para quien tiene dificultades. El pueblo se queda arriba. El pequeño puerto pesquero se apoya en el lado norte de la playa, fuera de la vista de los bañistas pero ahí mismo.
Al sur, la Pedra da Agulha corta el horizonte como promete el nombre: un pilar de roca negra aislado en el mar, junto a la base del acantilado. Quien mira al norte ve la Ponta da Atalaia en lo alto del promontorio, con la ruina de la Fortaleza da Arrifana, construida en 1635, destruida por el terremoto de 1755 y devuelta al abandono poco después. La entrada fue restaurada en 2007, pero el resto quedó como quedó. Desde ahí arriba la perspectiva sobre la bahía es total.
lo que vas a encontrar
- arena dorada con una franja de guijarros cerca del agua en algunos puntos
- acantilados de pizarra que cambian de color con la luz del atardecer
- la Pedra da Agulha al sur y la fortaleza en ruinas al norte
- bandera azul y vigilancia en temporada estival






