el palacio de caza del último rey, que nunca llegó a ser palacio
El Palácio do Bussaco empezó como encargo de D. Carlos I, a finales del siglo XIX, para servir de palacio de verano y pabellón de caza real, en medio del bosque cisterciense del Bussaco. El proyecto fue encargado en 1886 al arquitecto y escenógrafo italiano Luigi Manini (el mismo de la Quinta da Regaleira en Sintra), entonces escenógrafo del Teatro Nacional de São Carlos. El plan se aprobó en 1888, las obras comenzaron ese año, y el conjunto quedó terminado en 1907. Tres años después, caía la monarquía. D. Manuel II partía al exilio en 1910, y el palacio que la familia real nunca llegó a habitar fue convertido en hotel en 1917 por la familia Alexandre de Almeida (recién fundada en aquel entonces).
El estilo es neomanuelino sin disimulo. Manini diseñó un edificio que es, en parte, una recreación escenográfica del apogeo de los Descubrimientos: cordajes, esferas armilares, motivos vegetales y ojivas que evocan directamente la Torre de Belém y el claustro del Mosteiro dos Jerónimos. Las piedras labradas venían de Ançã (la caliza blanca de la región de Coimbra que permitió trabajar la piedra con la delicadeza del manuelino original). Manini fue sucedido por Nicola Bigaglia, José Alexandre Soares y Manuel Joaquim Norte Júnior, que en 1905 proyectó la Casa dos Brasões, el anexo lateral en lenguaje manuelino.
El interior es un inventario del arte portugués de principios del siglo XX. Los paneles de azulejos del vestíbulo son de Jorge Colaço, y narran la Batalla del Bussaco, episodios de los Lusíadas, autos de Gil Vicente y la Guerra Peninsular (son sus composiciones más célebres). La pintura mural corrió a cargo de António Ramalho, Carlos Reis y João Vaz; la escultura, de Costa Motta Sobrinho y António Gonçalves. Los maestros canteros venían de la Escola Livre das Artes do Desenho de Coimbra. Para quien le interesa el arte portugués de cambio de siglo, es uno de los lugares más densos del país.
El edificio está rodeado por la Mata Nacional do Bussaco, con 105 hectáreas plantadas por los Carmelitas Descalzos en el siglo XVII como representación simbólica del Monte Carmelo y el Paraíso Terrenal. Los monjes dejaron árboles raros traídos por los navegantes portugueses, y parte del convento original (de 1628) sigue en pie, con la iglesia barroca conservada. En los alrededores están las ermitas de la Vía Sacra, la Cruz Alta, el Vale dos Fetos y la Fonte Fria, esta última una cascada artificial encargada por D. Maria Pia de Saboia a mediados del siglo XIX. El bosque fue también escenario de la Batalla del Bussaco, el 27 de septiembre de 1810, en la que las tropas anglo-portugesas lideradas por Wellington derrotaron a los napoleónicos. Wellington pasó la noche en el convento.
la escena completa
- encargo original de D. Carlos I como pabellón de caza y palacio de verano real
- proyecto neomanuelino de Luigi Manini (el mismo de la Regaleira), obras 1888-1907
- decoración con azulejos de Jorge Colaço y pinturas de Ramalho, Carlos Reis y João Vaz
- integrado en la Mata do Buçaco (105 ha), con el convento carmelita de 1628 al lado
- Monumento Nacional desde 2018




